La hostelería gallega, ahogada por la falta de personal y su huida a otros sectores

Hay un déficit de camareros y cocineros en todas las provincias gallegas

Sandra Alonso

En España hay unos 3,2 millones de parados y todavía cerca de 240.000 personas que permanecen en ERTE. Los malos datos del empleo chocan con la dificultad de varios sectores de encontrar mano de obra. La misma crisis que azota desde hace semanas al Reino Unido se replica aquí, aunque con menor intensidad en otros países de Europa. También en España, pero por razones distintas: la construcción, la pesca, el transporte y también la hostelería necesitan cubrir urgentemente vacantes en sus plantillas.


«El mercado está bloqueado» es lo que repiten tanto expertos, como gerentes y propietarios de locales de restauración, cuando se les pregunta por la situación que atraviesa la hostelería. Y no es porque los que buscan trabajo no lo encuentren, más bien al revés: contratar personal nunca ha sido tan difícil.


Trabajar en un bar o un restaurante se convirtió en refugio del desempleo tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis del 2008. La hostelería, junto con el turismo, se establecieron como pilares económicos que seguían creciendo: en los últimos diez años se crearon cerca de 75.000 empresas en el sector.


Esta, como muchas otras cosas, cambió a golpe de pandemia. En Galicia, y en el resto de España, hay una falta generalizada de profesionales. No es una situación nueva, sino que se ha agudizado. Sobre todo durante el verano, cuando no había personal suficiente para cubrir una temporada estival que, aunque corta por la aparición repentina de una tercera ola de coronavirus, ha sido intensa. «No solo hacen falta camareros, sino también cocineros y personal de limpieza», advierte Ovidio Fernández, presidente de la patronal de hosteleros de la ciudad de Ourense.


Su homólogo coruñés, Héctor Cañete, coincide en el diagnóstico, aunque es prudente de cara a lo que puede suceder a partir de ahora: «La falta de gente estos últimos meses ha sido evidente, no había a quién contratar, con el fin del verano la demanda en teoría baja, todavía no sabemos cómo se va a comportar». Además, «todavía hay gente en ERTES», avisa Cañete. Y es cierto, de hecho, la hostelería es el sector de actividad que acumula un mayor número de trabajadores afectados. Según las cifras publicadas por el SEPE, un 24 % del total de empleos suspendidos corresponden al sector hostelero. Muchos ya han salido de ellos, pero para cambiar de actividad, en un buen número de casos para trabajar en una cadena de supermercados o en alguna empresa de logística. Es una de las razones por las que no hay personal al que contratar. «La hostelería se ha quedado parada por las restricciones y la gente se ha ido recolocando en otros sectores», explica Ovidio Fernández. Lo cierto es que el ámbito comercial y el de almacén, no dejan de absorber trabajadores. Prueba de ello es que en los portales digitales de empleo, como Infojobs, reinan entre las categorías donde más ha crecido la oferta: entre ambas acumulan 80.000 vacantes para toda España.


José Oreiro, director regional de la consultora de recursos humano Adecco, coincide en el análisis: «La gente busca estabilidad, y para muchos era arriesgado reincorporarse a la hostelería por la incertidumbre de las restricciones». Otro de los problemas es la falta de profesionalización: «En líneas generales la mayor parte no tienen la formación necesaria», advierte el experto.


Una opinión que comparten todos los hosteleros consultados que dicen no encontrar personal que cumplan sus requisitos, ni si quiera en cuanto a experiencia previa.


Casi el 40 % de los contratos firmados el pasado agosto eran de siete días

Además de la inestabilidad laboral que ha acompañado al sector hostelero en los tiempos pandémicos, hay otras variables que pueden acrecentar las dificultades para encontrar trabajadores. Una de ellas es el salario. Unos nueve euros por hora efectiva de trabajo es la remuneración media, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. Una cifra que se ha mantenido estable. Incluso si la comparamos con años anteriores, ha bajado treinta céntimos con respecto al 2019. Pero desde entonces, los precios, y por tanto el nivel de vida, han subido casi un 3 %.


Y eso no es todo, porque la pandemia ha contribuido también a ampliar la brecha salarial entre sectores. No es de extrañar que muchos profesionales optasen por cambiar de empleo durante el 2020. En ese mismo período, un trabajador del sector energético ganó 60.352 euros de media, una cifra seis veces superior a la que recibió un empleado de la hostelería: 9.377 euros. Son datos que se corresponden con un año de restricciones severas, pero incluso tomando como referencia el último trimestre del 2019, el salario medio por trabajador era el más bajo de todos: unos 1090 euros. Por comparar, el del sector comercial rondaba los 1.500.


La precariedad no tiene que ver solo con lo poco que se cobra, sino con la duración de los contratos. La temporalidad es un problema severo. De todos los acuerdos que se firmaron en la hostelería en agosto pasado, un 37 % tenían una duración inferior a una semana. Casi 35 días es la media de lo que se alargan todos ellos, una cifra que solo empeora en el sector de la agricultura o el artístico.


«Teníamos tres vacantes pero no pudimos cubrirlas»

En el número 71 de la calle Real, en A Coruña, hay un híbrido de restaurante con cafetería y bar de copas. Alejandro Míguez regenta el Buenasuegra y acaba de cubrir una vacante de camarero. Todo un afortunado. No ha sido fácil: «Hemos tenido muchos problemas para poder encontrar a gente», asegura. De hecho, confiesa que la falta de personal les ha influido en los horarios de apertura y han tenido problemas para cubrir los turnos. Su particular búsqueda todavía no ha acabado: aún siguen necesitando un cocinero que cumpla con los requisitos. También en A Coruña, aunque algo más lejos, David Pérez está a cargo de La Sastrería. Allí buscaban incorporar un equipo completo de sala: camareros, cocinero y personal de limpieza. David comenta resignado que no ha podido encontrar a nadie, por eso ha tenido que hacer un reajuste de horarios: «Abrir menos horas, para poder adaptarme al personal que ya tenía». En el verano han estado especialmente apurados: «Aunque es cuando más trabajo hay, también es cuando la gente menos intención tiene de trabajar».


Otras tres vacantes «sin cubrir» acumula el restaurante más veterano de Lugo, el Campos. Nicolas Vázquez regenta este local en plena Rúa Nova, donde se amontonan la mayoría de establecimientos de hostelería de la ciudad. Muchos de ellos se han encontrado con los mismos obstáculos: «El mayor problema es que no aparece gente que quiera un trabajo, nos pasa a todos, tanto a mí como a todos los compañeros con los que he podido hablar, estamos todos en la misma situación».


La ausencia de profesionalización se repite en este caso. «La última vez contraté gente que no tenía experiencia», y fue peor, asegura Vázquez, «al final te ralentiza todo el trabajo». Frente a este problema, hay un par de hamburgueserías en Vigo que han intentado poner solución. «Preferimos formar nosotros a los empleados, porque encontrar personal cualificado es realmente difícil», asegura Alberto Cameselle, dueño de la Leyenda Burguer. Ellos están «continuamente buscando a gente» para incorporar a su amplia plantilla. Lo necesitan, porque muchos se fueron. Y no precisamente a la competencia, sino a otros sectores que les aportaban más estabilidad en pleno sinfín de aperturas y cierres.




O Resumo Edición Nº 481 - 15 de Octubre de 2021

Fuente: lavozdegalicia.es 9.10.2021

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