La pandemia es oportunidad para impulsar los bionegocios

El desarrollo de técnicas de diagnóstico, bioinformática, digital health y alimentación saludable, están en auge


Josefina Correa - Máster en Biotecnología.

Josefina Correa se licenció en Ciencias Biológicas en la UdelaR y en Estados Unidos obtuvo un máster en Biotecnología (Georgetown University). Entiende que el contexto de la pandemia es una enorme oportunidad para da impulso a los bionegocios en Uruguay y que existen una serie de condiciones naturales en el país para capitalizar este empuje coyuntural para que muy buenas investigaciones se conviertan en proyectos de negocio que despierten interés. Asegura que la alimentación saludable, el cuidado de la salud personal y la telemedicina son terreno muy fértil para desarrollar propuestas que encuentren rápidamente un mercado. Correa trabajó, hasta el pasado año, en el desarrollo del sistema emprendedor de la ciudad de Los Ángeles, California. A continuación, un resumen de la entrevista.


—¿Cómo capitalizar ese empuje coyuntural de la ciencia en el país, desde el punto de vista de los negocios? —Primero que nada, la ciencia ha tenido un impacto en lo social inédito, debido a la emergencia sanitaria y el rol que han tenido nuestros científicos como referencia. El papel relevante de lo científico a nivel de la opinión pública hay que aprovecharlo, y en buena medida eso está ocurriendo, a partir de las demandas de los referentes del sector en momentos en que su voz suena fuerte, por ejemplo, en relación con inversiones en el sector. Precisamente, demostrar el valor de lo científico y su potencial está en la base de ese desarrollo. El trabajo científico nos está demostrando, además, la ventaja de trabajar de manera colaborativa. Es un momento espectacular para crear ecosistemas, estrechar más la relación entre academia, gobierno y empresas, como ha ocurrido con la pandemia. —Hoy lo vemos como un rol decisivo en la pandemia, sí. Pero no es lo mismo identificarlo como un generador de negocios y empleo… —Es cierto, pero el concepto ciencia lo debemos incorporar al sector productivo. Como hablamos de ganadería, de industria. Incorporarlo a nuestro haber económico como país, donde tenemos mucho dar porque, la principal herramienta, que es el capital humano, está ahí. Específicamente, hablar de bionegocios resulta muy lejano para buena parte de la sociedad, sin embargo está en el día a día. —¿Debido a la pandemia aparecen nuevas tendencias o impulsos hacia una economía más sostenible? —Sí, sin dudas. Algunas de esas tendencias ya se observaban previo a la pandemia, sobre todo en países desarrollados, como puede ser todo lo que vinculado con el consumo de alimentos sustentables, o un mayor cuidado por el medio ambiente. Eso ya viene generando otro tipo de consumo y hay un rol importante de la ciencia en la búsqueda de soluciones a ese tipo de inquietudes. Hay otras tendencias que han cobrado un vigor enorme, basadas en las necesidades que impuso la pandemia, como por ejemplo la telemedicina.

En el mundo “bio” todo ha pegado un salto en esta coyuntura. Hay muchas tendencias en el área de la salud y de la biomedicina que han llegado para quedarse. Por ejemplo: desarrollo de técnicas de diagnóstico; el área de diagnóstico de enfermedades tenía un ímpetu muy grande, con muchas tecnologías nuevas que se estaban aportando y de repente, la pandemia le puso mayor importancia y exigencias. Ni qué hablar si pensamos en las vacunas, el desarrollo de técnicas para drug discovery. Pero además, la bioinformatica, digital health (telemedicina y otros aspectos de software aplicado a la salud), mindfulness; alimentos naturales y regionales, entre otros, esto último especialmente… —¿Por qué? —Porque ese tema explotó. El cuidado a nivel de alimentación desde todo punto de vista. De sus fuentes, de dónde viene, cómo lo comemos y preparamos. El “cocino en casa”, generó otro tipo de demandas. Eso exige respuestas de parte de la industria, y detrás de ella hay desarrollo científico que la sustenta. Muchas oportunidades. En California, viví muy de cerca cómo el concepto de salud mental se ha incorporado en el día a día. Y en esa línea, se trata de vivir diferente, buscar otro equilibrio entre trabajo y descanso, el cuidado personal. También ahí aparecen desafíos para satisfacer las necesidades de la gente.


—Tú has trabajado últimamente en procesos de aceleración de empresas en California; en esta coyuntura, ¿existió la respuesta rápida para orientarse hacia lo prioritario? —Sí. Es fundamental contar con un ecosistema que interactúe y ayude a generar las condiciones para innovar y desarrollar soluciones a las demandas existentes. Trabajo con emprendedores todo el tiempo, y pasó que tenían un desarrollo avanzado para cierto tipo de diagnóstico o tratamiento, y la coyuntura determinó que tuvieran que redireccionar sus capacidades ya instaladas para una necesidad más urgente, como en este caso lo es la COVID. Pero esas cosas se pueden hacer no solo porque la empresa y el equipo tienen ganas y capacidad de reacción, sino que necesitan de un entorno favorable y en especial, financiación. En EE.UU. existió mucho apoyo para emprendimientos de base científica en esta etapa. Eso ha sido fundamental. —¿Entiendes que hay una base diferente desde la formación de los científicos? —Para nada. Viví seis años en EE.UU. donde hice mi maestría y trabajé con el sistema emprendedor en materia de bionegocios hasta hace muy poquito, y te aseguro que la base científica que obtuve en la Universidad de República, me permitió estar a la altura. Técnicamente contaba con la misma preparación que mis colegas formados en Estados Unidos. El problema viene después, cómo hacemos para potenciar todo ese conocimiento científico y tecnológico y poder volcarlo en la sociedad. Ahí radica la principal diferencia, hay una fuerte inversión, ecosistemas robustos que le dan al científico el entorno adecuado. No podemos resignarnos a decir que estamos lejos y somos un país pobre, tenemos que ir mejorando las condiciones para aprovechar ese capital, y sobre todo, las oportunidades. —La inversión a la que refieres, en países como Estados Unidos, tiene un fuerte componente privado que en nuestro país es muy escaso… —Espero que la situación que estamos viviendo invite a muchos privados a mirar a este sector con ganas. Faltan dos cosas: que el privado se involucre y una mayor sinergia. Los privados no vienen solos, hay que llamarlos, mostrarles que hay oportunidades. Para despegar se necesita el fondo estatal, en los estadios tempranos de desarrollo, y tener fondos disponibles de privados para que funcione y termine de desarrollarse. En la mayoría de los países el Estado provee el capital semilla, pero después están los fondos privados. Eso no es casualidad, está planificado. La investigación básica es fundamental, pero también lo es el conocimiento aplicado. Tenemos que encontrar detrás de ese conocimiento que desarrollamos, un mercado real. Para ello se necesitan planes sustentables y mostrarle al inversor privado que hay una oportunidad. Y detrás de todo esto, un ecosistema fuerte… —¿No lo hay en Uruguay? —Hay que mirar cómo se hace en los países exitosos y tomar ideas. Muchas veces tenemos como un cierto orgullo en decir “acá lo hacemos de esta manera”. Y nos gastamos tratando de reinventar la rueda en vez de tomar ejemplos de sistemas que se desarrollaron en lugares muy parecidos o situaciones muy parecidas a las nuestras. Además de inversión, se necesitan coordinación y colaboración profesionales y mentores capacitados, infraestructura suficiente, un sistema que posibilite la retroalimentación entre pares. En Massachusetts, donde se ha producido un fuerte desarrollo biotecnológico, se pasó de un lugar donde cada no hacia lo suyo al concepto de colaboración. Si uno precisa algo y determinada empresa no lo tiene, te mandan a la que está al lado. Es un sistema de competencia, sí, pero también de cooperación constante. Y todos crecen.

Además, uno de los problemas que me resulta más complejo en Uruguay en el sector bio, es la superposición de instituciones vinculadas. Es necesario que las instituciones dialoguen entre sí, que se complemente y no se pisen, haciendo prácticamente lo mismo. Pasa con el Estado, pero también con privados y la academia. En la medida que no exista diálogo, todos los otros aspectos que mencioné, no tienen sentido. Y sobre todo, aprovechar los encadenamientos con otras áreas del conocimiento…


—¿Cuál sería un desarrollo importante en esa dirección? —La telemedicina, sin dudas. Es una intersección que se genera entre lo bio y las TIC, hay que hacerse fuerte en Uruguay. Tenemos una semilla más que plantada en el área tecnológica, donde sabemos que somos fuertes. Hay una enorme oportunidad de trabajar juntos allí. Estamos exactamente en esa intersección entre dos sectores, uno que está creciendo y otro que está muy bien establecido donde tenemos profesionales de primerísima calidad ya trabajando para el mundo. Aprovechémoslo. —¿Cuán relevante es fomentar cadenas globales de valor en bionegocios? —Muy importante, es una manera inteligente de pensar el sector. En Uruguay tenemos muchas cosas, pero debemos ser realistas y asumir que por un tema de escala, de estructura y recursos, hay cosas que no vamos a tener. Por tanto, concentrarnos en nuestras fortalezas y después complementarnos con el exterior. En los bionegocios también funciona, como en cualquier otra actividad productiva y comercial. En esas cadenas puede insertarse un proyecto uruguayo, sin dudas. A nivel académico, nuestros científicos han hecho un gran trabajo de muchos años para vincularse con universidades e institutos de investigación alrededor del mundo. Hay que aprovechar esas dinámicas y trasladar eso que funciona a nivel académico en etapas más tardías, cuando deja de ser un emprendimiento y se convierte en un negocio viable.




O Resumo Edición Nº 446 - 05 de Febrero de 2021

Fuente: elpais.com.uy 1.02.2021

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