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Nuevos escenarios de energías verdes: impresiones de un viaje de capacitación a Alemania

Uruguay tiene muchas oportunidades por delante en materia de energía. Muchos países necesitan hidrógeno verde y productos derivados, y apuntan a países que puedan producirlo en forma competitiva, como el nuestro.

Hidrógeno verde. Getty Images

¿Cuándo piensan que se verán los primeros proyectos de hidrógeno verde en su país? Esta fue una de las primeras preguntas que nos plantearon los instructores a participantes de 10 países, en una capacitación sobre hidrógeno verde y productos derivados, que se llevó a cabo en enero en Alemania.


La pregunta tuvo respuestas muy interesantes; los participantes de Uruguay y Chile fuimos quienes contestamos con una expectativa de plazo más cercano en el tiempo; unos pocos años para nuestros países. Los representantes de otros países, que incluían a Colombia, Kenia, Marruecos, Jordania, India, Tailandia, Túnez y Namibia, contestaron con respuestas que iban de 5 a 10 años, a 20 años o más.


El programa “train the trainers” (“entrenar a los entrenadores”) fue organizado por el Hub internacional de Power-to-X (PtX), implementado por GIZ, la agencia alemana de cooperación internacional. El propósito es capacitar en PtX a profesionales del sector energético de diversos países del mundo para que luego puedan realizar este tipo de capacitaciones en sus respectivos países [1]. Power-to-X (“electricidad a X”) es un término que se utiliza para referir a las tecnologías y procesos capaces de convertir electricidad en combustibles sintéticos carbono neutros [2].


En la capacitación estudiamos sobre hidrógeno verde, un combustible que se genera a través de un proceso químico conocido como electrólisis, el cual utiliza electricidad de fuente renovable para separar el hidrógeno del oxígeno que hay en el agua. También —y especialmente— profundizamos sobre productos derivados que conllevan procesos adicionales, como el metanol verde; los combustibles de aviación sustentables; amoníaco verde y demás. La importancia de estos productos es que son claves para descarbonizar —o sea reducir o eliminar las emisiones de dióxido de carbono que contribuyen al calentamiento global— ciertos sectores del transporte, de la industria y más.


Además del aprendizaje en el aula, los días en Alemania sirvieron para observar distintos impactos que ha ocasionado la guerra de Rusia con Ucrania, en materia energética.

Dicha guerra redujo (y a partir de setiembre 2022, paró por completo) las importaciones de Alemania de gas natural desde Rusia, su principal fuente energética hasta 2021. Esto pegó fuertemente a distintas industrias, que hacían un uso intensivo del gas natural proveniente de Rusia a precios accesibles: la producción bajó y se encareció. Ahora hay expertos como Michael Liebreich (fundador de New Energy Finance) que auguran que no sólo Alemania, sino Europa en general, van a perder muchas fábricas de uso intensivo energético, a favor de países donde la energía es más barata.


Otro impacto de la guerra lo sienten las personas a nivel residencial. Por ejemplo, un joven ingeniero uruguayo que vive en Berlín me comentó que su tarifa subió al equivalente de unos 29 pesos por KWh consumido; o sea cuatro veces más (a modo de comparación) que la Tarifa Residencial Simple en Uruguay. También se podía observar el impacto en ciertos comercios y lugares públicos, donde casi no había calefacción, pero se podían utilizar frazadas que había a disposición en la entrada.


Viendo esas realidades, se afianzaban ciertas impresiones iniciales, relacionadas también al motivo de la capacitación. Una conclusión fue que tener “riqueza energética” en energías renovables, como la tiene Uruguay actualmente, es un activo muy valioso en el mundo actual. Esto permite a Uruguay generar más de 90% de su propia electricidad año a año con el agua, el viento y el sol, con lo cual el país reduce fuertemente su dependencia de importaciones de combustibles y electricidad.


Además, en la nueva transición energética incipiente en el mundo, donde el hidrógeno verde jugará un papel fundamental, contar ya con electricidad de origen renovable como Uruguay; y tener el potencial de generar mucho más de ella como nuestro país con nuevos parques eólicos y solares en partes importantes del territorio; es clave.


Otra impresión del viaje y la capacitación, fue que cada país que cuenta con buenas condiciones de energías renovables, tiene ciertas ventajas en la nueva economía del hidrógeno verde; ventajas que el país puede y debe explotar si quiere competir internacionalmente. Los asistentes del norte de África (Marruecos, Túnez) por ejemplo, nos contaban sobre condiciones excepcionales para plantas solares, así como cercanía con Europa que reduce los costos de transporte. En Uruguay, la disponibilidad de dióxido de carbono de origen biogénico (de plantas de biomasa) que es necesario para producir derivados del hidrógeno verde como el metanol verde (para la industria naviera) o combustibles de aviación sustentables, es una ventaja a aprovechar.


Una impresión general, ratificada a diario durante el viaje, fue la gran oportunidad que Uruguay tiene por delante. Tanto Alemania como otros países precisan hidrógeno verde y productos derivados por su interés en descarbonización; y están fijándose para obtenerlo en países que pueden producirlo competitivamente, como Uruguay. Un informe del BID publicado recientemente menciona una oportunidad total para el país de 1.326 millones de dólares en exportaciones de hidrógeno verde y derivados al 2040, con un crecimiento sustancial desde 2025 (77 millones de dólares) hacia dicho año [3]. La oportunidad es incipiente e importante; serán años de dinamismo para el sector energético del país.


(*) Ignacio Estrada, Observatorio de Energía (UCU).




O Resumo Semanal - Edición Nº 541 - 10 de Marzo

Fuente: elpais.com.uy 6.3.2023

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