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Sandra Hermida, la productora de raíces gallegas de «Cinco lobitos», Coixet y Bayona:

«No renuncio a nada, quiero llegar agotada a la muerte» Ganadora de cuatro goyas, esta madrileña con gen gallego lo tiene claro: «¡Vida hay una!»

Hermida, directora de producción ligada a Galicia por vía paterna, cruzó cuatro veces el escenario para recoger premios Goya por sus trabajos. MATÍAS URIS

Sandra Hermida, productora de cine que el pasado verano hizo aflorar el gen gallego heredado de un padre de Rodeiro (Pontevedra) para convertir su 50.º cumpleaños en una bacanal de fuentes llenas de comida y amigos por todas partes —reconoce que la expresión hacerse un Hermi para hablar de pedir comida en exceso hace tiempo que está acuñada—, se enteró tarde de su primer embarazo. «Andaba tan liada, rodando Biutiful y Spanish Movie, que ni cuenta me di hasta los tres meses y pico», dice. Luego, con su niña Álex en pañales, vino el rodaje en Tailandia de Lo imposible, una película con cinco goyas, bajo los mandos de Juan Antonio Bayona. Su bebé Álex se convirtió entonces «en la niña de Lo imposible, porque allí se vino con todo el equipo».


Esa anécdota no lo es tanto. Porque Sandra Hermida (Madrid, 1972), directora de producción de películas consagradas del cine español y productora también de grandes filmes, como la recientemente galardonada Cinco lobitos, siempre lo hace todo a la vez. «No renuncio a nada, quiero llegar agotada a la muerte», dice, ofreciendo un buen titular que, en realidad, es el título de su existencia.


—«Cinco lobitos» da una patada a los tabúes de la maternidad. ¿Era necesaria?

Cinco lobitos es maravillosa por muchas razones, entre ellas porque es un trocito de vida. Te toca, seas o no madre, porque todos hemos sido hijos. Y te sitúa en ese momento de la vida en el que te conviertes en padre o madre de tus propios padres. Te pone también ante todas esas dudas de la maternidad y también en ese sentimiento de culpa ante los hijos tan ligados a la figura materna en la sociedad.


­—La culpa. Tú eres madre y te subiste cuatro veces a recoger premios Goya por tu trabajo en «El orfanato», «Lo imposible», «Un monstruo viene a verme» y «Garbo», ¿sientes el peso de la culpa por no ser una madre de las de caldo en la nevera?

—Procuro esquivarlo. Viajo mucho, estoy poco en casa y me tomo la vida con bastante ilusión. Insisto, no renuncio a nada, quiero ser madre, novia, amiga, hacer buenas películas, estar mona, sentirme en forma, viajar, leer, ir a fiestas, estar con la familia... ¡Vida solo hay una! Por supuesto, como todo hijo de vecino, tengo problema para conciliar, y me vuelvo loca para hacer equilibrios. Pero pienso que puedo elegir, y elijo no renunciar, ser madre y hacer lo que me gusta, porque el cine me gusta muchísimo. Elijo desde la realización personal. Hay muchas mujeres que dejan a sus hijos en otro continente para venir a cuidar a los nuestros. Así que creo que soy una privilegiada.


­—Privilegio ganado a pulso de obrero. Porque me consta que es usted una superviviente, que no tuvo unos padres que le diesen todo hecho, que le tocó bregar.

—La vida me ha llevado a ser una superviviente. Desde pequeña fui cinéfila. Mi padre tuvo un hotel en el que estaba el Cine Europa. Ese era mi salón de la tele. Me iba sola al cine y allí pasaba las tardes. Luego, en la adolescencia, empecé con el cine clásico, con el europeo. Y cuando vi que existía la carrera de Imagen y Sonido se me encendió una bombilla, aunque me desencantó y a la vez empecé a estudiar cine hasta en un curso del paro. Comencé a trabajar en cortos, que en aquel momento tenían mucho tirón. Y cuando mi generación se pasó a los largos, yo también lo hice. Tenía tantas ganas de trabajar en una película que la primera no la hice gratis, pero casi. Hice de regidora y tenía que conseguir distintos coches para el rodaje. La producción me entusiasmó y mi caso creo que fue algo singular. Porque enseguida fui jefa de producción y luego directora de producción. Después, de forma totalmente natural, pasé a ser productora. Llegué muy joven a puestos de responsabilidad grandes, en los que se manejaba mucho presupuesto. Creo que la clave fue mi implicación con cada película. Lo normal es que el director de producción se sume al equipo en la segunda o la tercera fase de un proyecto. A mí me gusta implicarme desde el principio. Siempre sentí las películas como mías.


­—Contesta a la entrevista desde Logroño, en pleno rodaje de «Amor», de Isabel Coixet (con Laia Costa), y tiene pendiente de estrenar «La sociedad de la nieve», de Bayona, para Netflix...

—La de Bayona fue una producción grande. En Tailandia, cuando rodamos Lo imposible, Bayona, buscando experiencias de supervivencia extrema, nos regaló el libro de Pablo Vierci sobre los 16 supervivientes de la tragedia del avión de los Andes. Es una maravilla. Había que hacer la peli.




O Resumo Semanal - Edición Nº 540 - 3 de Marzo

Fuente: lavozdegalicia.es 24.2.2023

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