A NUESTRO EX SOCIO Y AMIGO DE AEGU, GRACIAS VALENTÍN, SIEMPRE TE RECORDAREMOS CON MUCHO CARIÑO!!


Un caso atípico de emigración fue sin duda el de Valentín López Pérez, que vio la luz el 6 de enero de 1944 en Campañó de Abaixo, Pontevedra. Desde muy pequeño él vivía con su abuela en Campañó y con frecuencia ambos visitaban la casa de su familia en el pueblo cercano de Sabarís. Al momento de regresar, le preguntaban si se quería quedar y Valentín se abrazaba a su abuela y volvía con ella a Campañó.


El niño que a los nueve años de edad dejó su casa para viajar de visita a Montevideo con su abuela Casilda. La idea era regresar un año más tarde después de pasar un tiempo con sus tías, Hermosinda y Rosalía, emigradas tiempo antes.


Nieto y abuela, con la compañía de un tío y un primo que emigraban, embarcaron en Vigo el 25 de enero de 1953 en el buque Lavoisier, arribando a Montevideo el 10 de febrero. Pero el proyecto no se pudo concretar. Cuando se acercaba la fecha del regreso, su abuela falleció y no había forma de que ese niño pudiera regresar a su pueblo junto a sus padres.


El capricho del destino se encargó de marcar el rumbo de ese niño acongojado, desorientado y Valentín se quedó a vivir con la familia de Uruguay, lejos de su madre Casilda, su padre Valentín y su hermano menor, Eduardo.


Arropado por el cariño de sus tías y demás familia uruguaya, lentamente se fue adaptando. Comenzó concurriendo a la Escuela Primaria, después siguió sus estudios ingresando en la Escuela Industrial. Cuando egresó, concluidos los cursos de Mecánica, Tornería y Electricidad, se empleó en la metalúrgica Lazar y Compañía donde permaneció por varios años, hasta que su espíritu emprendedor lo empujó hacia el riesgo de la independencia. Así fue que se inició en el negocio de la pesca instalando, en sociedad con uno de sus primos, un pequeño local de venta de productos del mar.


Tiempo después continuó solo en esa actividad. Adquirió un viejo camión y luego de muchas noches esperando en el puerto la llegada de los barcos de pesca, la vinculación con coterráneos dedicados a la venta de pescado en las ferias vecinales lo empujó hacia la actividad de mayorista además de venta directa como feriante. Sus paisanos pescadores le confiaban su producción y él la distribuía. Primero contrató el alquiler de unas cámaras frigoríficas. En el año 1996 logró instalar su planta frigorífica propia adquiriendo un antiguo y abandonado frigorífico pesquero de amplia dimensión que pronto recuperó y modernizó, transformándolo en un centro de abastecimiento de productos del mar a las grandes superficies y de exportación.

Después de veinticinco años, sus padres, siempre sufriendo su ausencia, finalmente pudieron volver a ver a su hijo. En el año 1978 al fin Valentín pudo regresar a Sabarís junto al cariño de sus padres y hermano, para permanecer por varias semanas. Para entonces sus raíces ya estaban prendidas en la tierra que el destinó le asignó. Su esposa Marta Laino, compañera de toda la vida, lo acompañó en ese y todos los viajes siguientes y frecuentes. También cumplió el sueño de traer a sus padres a Montevideo para vivir por un corto tiempo con sus tres nietos uruguayos, Natalia, Gustavo y Karina.


Con sus padres y hermano

A pesar de su alejamiento, siendo tan niño, su amor profundo por Galicia siempre estuvo presente. Fue un gran colaborador en las romerías del Hogar Español de Ancianos y eventos de otras instituciones gallegas, con donaciones de productos para contribuir con la recaudación de fondos.


Valentín López Pérez, un ejemplo de gran generosidad, solidaridad, honestidad y trabajo, vivirá en el mejor de los recuerdos de todos los que lo conocieron y trataron. Su orgullo, además de su Galicia, Uruguay y la familia mencionada, al fin un premio mayor, los nietos que fueron llegando, Joaquín, Martina y Valentín.

Su relación de acercamiento a las instituciones gallegas lo vinculó también con AEGU Asociación de Empresarios Gallegos, donde durante un tiempo desempeñó cargos en el Consejo Directivo.

Siendo presidente del Centro Pontevedrés, a la edad de setenta y tres años un ACV interrumpió su actividad dinámica. Tres años después, en los últimos días de abril de 2021, la pandemia, implacable asestó su golpe.


Mi agradecimiento a su prima hermana Maria Carmen Esperón Pérez, por la información brindada.


Con su familia a fines de agosto del 2020


Manuel Losa Rocha

Mayo de 2021

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