La sociedad empresarial


Hace unos días, una profesora de Cesuga, María Ángeles Fernández, anteriormente directora ejecutiva de una fundación presidida por el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, me hizo llegar un documento de un investigador de la Universidad de Cambridge, Tomás Undurraga, Transformaciones sociales y fuentes de poder del empresariado chileno. ¿Por qué es interesante este artículo? Porque la sociedad empresarial chilena es, actualmente, una de las más cohesionadas y con mayor influencia social. Esta ventaja la adquirieron construyendo dos grandes ejes: el primero fue la generación de ideas para la transformación de políticas públicas, y el segundo, una nueva ética, en la que se intentó, por un lado, estigmatizar al especulador y al corrupto y, por otro, construir una responsabilidad social corporativa.



Dos pilares muy sencillos y que de los cuales carecen, en cierta medida, algunas de nuestras instituciones empresariales ¿No? ¿Dónde hay un think tank, una cédula de pensamiento empresarial, en Galicia? ¿Dónde están los juicios reprobatorios, por parte de nosotros, los empresarios, a aquellos que tenemos claro que son meros especuladores o que intuimos que han conseguido lo que han conseguido a través del soborno? La justicia está para ser aplicada, cierto, y no han de existir tribunales ciudadanos, pero es igualmente cierto que o abanderamos el discurso de la ética o nunca seremos respetados por la sociedad civil. El fracaso empresarial, cuando estuvo acompañado del esfuerzo, el trabajo, la dedicación, el riesgo, la ilusión, la honradez ha de premiarse siempre. Y si el éxito en los negocios no viajó con esas alforjas, perfecto, pero en mi casa solo cena quien yo desee.

La sociedad empresarial gallega tiene varias instituciones, pero entre todas ellas, la más importante es la Confederación de Empresarios de Galicia. Pronto tendrá un nuevo Presidente, Juan Manuel Vieites, un hombre serio que proviene de Anfaco y de la Confederación de Empresarios de Pontevedra. Las dos, casas enormemente dignas y que no suelen defraudar a sus afiliados. Por tanto, hay mimbres para la esperanza y también para la refundación, y esta debe tener, al menos, dos columnas transversales. La primera, su función, que ha de ser transformadora y representativa. Hemos de tener opinión y voz, pero para ello hemos, previamente, de crear esa cédula de pensamiento empresarial, dar rigor a lo que es intuitivo.



En días llegará al parlamento gallego la Ley de Simplificación Administrativa, un gran hito positivo, que bien ejecutado e impulsado puede convertirse en una pequeña revolución administrativa. Algo que todos pedíamos a gritos desde hace décadas ¿Saldremos a defenderla? Deberíamos.

Al mismo tiempo, la eléctrica Endesa ha decidido irse de As Pontes, sin dar más explicaciones a la comisión técnica, ni a las diferentes administraciones que estaban apoyándola ¿Son maneras? ¿Hablaremos? ¿O nos refugiaremos en la comodidad del silencio?



Los empresarios chilenos empezaron a inscribirse en masa en sus organizaciones el día que vieron que estas eran reconocidas por la Administración como instituciones serias, rigurosas y representativas. Lo segundo, es una ética, una cultura, que en ningún momento debe evitar el posicionamiento. Y este ha de pasar por tres ejes: los intereses generales de Galicia, la libertad empresarial y tener claro quién es y quién no es empresario. Resulta evidente que una asociación empresarial no es un club, pero tampoco puede ser un espacio en el que cualquier silla esté en venta.





O Resumo Edición Nº 446 - 05 de Febrero de 2021

Fuente: lavozdegalicia.es 24.01.2021

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