Llegan los taxis que conducen solos, pero con letra pequeña
- 17 jun
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Los robotaxis operarán en Madrid este 2026, con la duda de si la regulación y la seguridad viaria están preparadas


Ni ciencia ficción ni una promesa vaga sobre la movilidad del futuro. Los taxis sin conductor son ya una realidad en grandes ciudades del mundo, y su salto definitivo a las carreteras españolas llegará a finales de este mismo año. La empresa de conducción autónoma WeRide y Uber pondrán en circulación en los próximos meses el primer piloto comercial de vehículos autónomos. Será Madrid la encargada de abrir la espita y empezar las pruebas de una fórmula nueva de movilidad que se espera que se vaya extendiendo por toda la geografía a lo largo de los próximos años.
Con la connivencia del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, el servicio permitirá a los usuarios solicitar trayectos en vehículos sin conductor de carne y hueso al volante a través de la aplicación de Uber. Pero la implantación no será tan revolucionaria como muchos se imaginan, porque el despliegue se realizará de forma progresiva y, durante los primeros meses, los coches contarán con operadores de seguridad a bordo. Es decir, humanos que estarán preparados para tomar cartas en el asunto si los equipos robóticos fallan. Preguntados por su posibilidad de desembarcar en alguna urbe de Galicia, Uber asegura que todavía no tiene fecha para su expansión más allá de las fronteras de Madrid, por lo que los gallegos tendrán que esperar para ver cómo estos robots de cuatro ruedas conquistan sus carreteras.
Los robotaxis ponen así una pica en Europa, continente que parecía habérseles resistido después de haber conseguido —hace ya tiempo— conquistar terreno a ambos lados del Viejo Continente.
El salvaje Oeste americano
En Estados Unidos, el proyecto cabalga en un salvaje oeste regulatorio en el que, dependiendo del estado, los operadores deben aplicarse una u otra regulación. En California y Arizona, por ejemplo, existe una permisividad prácticamente total, con ciudades como Phoenix en las que firmas como Waymo sacaron del garaje cientos de coches sin prácticamente ni una restricción. Esto ha provocado situaciones bastante surrealistas, porque un coche puede circular sin nadie al volante en San Francisco pero, si cruza la frontera de un estado vecino sin esa misma normativa, es considerado un vehículo totalmente ilegal.
Caso totalmente opuesto es el de China, con un Estado totalmente entregado a la causa que se ha implicado en un despliegue de infraestructuras sin precedentes. Allí precisamente ha desarrollado su negocio WeRide, el socio de Uber en Madrid. Ciudades como Wuhan o Shenzhen cuentan ya con flotas masivas de miles de robotaxis operando a precios muy competitivos gracias a la inyección de fondos públicos, pues se los subvenciona desde hace años. Además, las ciudades han sido adaptadas para este nuevo tipo de vehículos, con semáforos y carriles 5G vinculados al software de estos aparatos.
Y mientras a izquierda y derecha se libra una carrera en el despliegue de la movilidad del futuro, Europa ha permanecido como una mera espectadora durante más de una década. Con la seguridad y la regulación por bandera, Madrid se convertirá en uno de los primeros intentos reales a gran escala para implantar robotaxis.
La seguridad
No está exento de riesgos el avance hacia la conducción autónoma. El primero es el de la seguridad. Cruise tuvo que suspender temporalmente sus operaciones en Estados Unidos después de que en el 2023 uno de sus coches provocara un grave accidente que acabó arrastrando a un peatón. También al otro lado del Atlántico se han registrado varios cuellos de botella en las calles de las grandes ciudades. En San Francisco es bastante común ver robotaxis que, ante situaciones imprevistas (como un encuentro con camiones de bomberos o ambulancias) se bloquean y se quedan parados provocando importantes atascos hasta que una mano de carne y hueso acude en su ayuda.
En España, a la regulación todavía le queda trabajo por hacer. El Código de Tráfico y Seguridad Vial en España parte de la base inamovible de que todo vehículo en movimiento debe tener un conductor humano al que poder sancionar en caso de cometer irregularidades. Así, para que los robotaxis puedan generalizarse en nuestro país y empiecen a operar solos al 100 % se requerirá una reforma legal profunda que reconozca a la inteligencia artificial como un conductor legal.
Por ahora, lo que sí permite la DGT es realizar ensayos con vehículos automatizados, eso sí, con condiciones muy estrictas. Los coches tendrán que disponer de una autorización previa caso por caso, supervisión humana y seguros específicos. Es decir, Madrid funcionará por ahora como una especie de laboratorio más que como una plataforma de despliegue comercial.
Lo del seguro no es tampoco cuestión menor porque, ¿quién paga en caso de que un coche autónomo tenga un incidente? Mientras las aseguradoras rediseñan sus productos para que estos recojan la casuística de un fallo de código en vez de la negligencia humana, la duda está en quién pagará los platos rotos en caso de que uno de los coches de Madrid cometa una imprudencia: el operador, el fabricante del software o el dueño de la flota.
Por no hablar del tema de la ciberseguridad, cada vez más en la cabeza de las autoridades mundiales. No hay que olvidar que un coche autónomo es, básicamente, un ordenador conectado a internet con cuatro ruedas, lo que abre un enorme riesgo de hackeo de flotas enteras o el secuestro digital de vehículos es una amenaza para la seguridad nacional.
O Resumo Semanal - Edición N° 692 - 18 de junio de 2026
Fuente: lavozdegalicia.es | 15 de junio

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